La calidad de los movimientos tempranos es importante al ser la base para los movimientos futuros, así las alteraciones en la precisión de estos derivan en el desarrollo de movimiento compensatorios que no siempre son deseables. De ahí que el control del tronco, en un primer momento, sea fundamental para el control y la estabilidad de los segmentos distales, influyendo también en el control y movimiento preciso de la cabeza y las extremidades.

 

 

 

 

 

 

Todo esto lleva a una mayor y mejor interacción con el medio, tanto para el desarrollo del esquema corporal como para el desarrollo de estrategias comunicativas con el entorno. Por ello la incorporación de movimiento y actividades sensoriales dentro del conjunto de las estrategias para el desarrollo del habla ayuda a los niños además de ser beneficioso es útil para aquellos que pudieran presentar algún tipo de trastorno sensorial.

El movimiento incrementa el ritmo y la circulación, lo que incluye al cerebro, incrementando su rendimiento y, paralelamente, generando un mejora del estado de ánimo, de la atención y de la capacidad de retentiva. Son muchos los estudios sobre la relación entre la actividad física y la función cerebral que evidencian que los niños que son más activos muestran una mayor atención, tienen una velocidad de procesamiento cognitivo más rápida y se desarrollan mejor.

De este modo, las actividades sensoriales y de movimiento ayudan al cerebro a “desplegar” toda su neuroplasticidad para aprender y retener información. El movimiento como terapia alienta al niño a involucrarse en la actividad y asentar lo que va aprendiendo, y para ello el uso de circuitos motrices de dificultad variable y creciente aproxima el momento del desarrollo del habla puesto que el control corporal grueso es el cimiento para desarrollar el control de la musculatura encargada de la fonación y articulación del habla.

Si la aparición del lenguaje en los niños es uno de los grandes acontecimientos de la infancia, su competencia para moverse es más temprana, y en la actualidad existe un renovado interés por analizar cómo esta competencia se relaciona con otras dimensiones del desarrollo, incluido el lenguaje, hasta el punto de defender un origen motor del desarrollo cognitivo, otorgando al cuerpo un papel activo en el desarrollo de la cognición y asumiendo que nuestras acciones y nuestros movimientos son clave para el desarrollo cognitivo. Nuestro papel como fisioterapeutas en este periodo de tiempo es fundamental y no debería dejarse a un lado como hasta ahora.

Cada logro motriz supone un importante cambio en la forma de relacionarse y comunicarse con el entorno social y material y la competencia motriz exploratoria de los niños más pequeños es fundamental para su futuro desarrollo, ya que incluso permite predecir el rendimiento académico en la adolescencia.

La relación entre el desarrollo motor y del lenguaje es alta y positiva y, además, aumenta con la edad, apoyando la idea de que el desarrollo de lenguaje y del desarrollo motor no son procesos independientes puesto que la cognición y el desarrollo del lenguaje están estrechamente relacionados con el hecho de poseer un cuerpo y una capacidad de movimiento de este, aceptando que la cognición se construye en la acción y el procesamiento sensomotor.

Los estudios realizados sobre los problemas del desarrollo del lenguaje muestran dificultades en la motricidad manual fina, la gesticulación con las manos y brazos o el equilibrio sobre todo con la pierna no dominante. Otros estudios indican que un retraso en la adquisición de la marcha se manifiesta con un retraso en el desarrollo del lenguaje.

Una parte importante de estos se plantearon si los niños con trastornos evolutivos de coordinación motriz presentaban un perfil de lenguaje similar a los niños que poseían problemas específicos de lenguaje encontrando que una parte de los niños con problemas de coordinación motriz presentaban déficits lingüísticos similares a los manifestados por los niños con un trastorno específico del lenguaje, e incluso con otros problemas relacionados con el habla, y a pesar de que no quedaba claro si ambas dificultades compartían un mismo origen o si éste era diferente para las dos, lo cierto es que destacaban la necesidad de que los escolares con problemas de coordinación motriz también pudieran necesitar apoyo de los profesionales del lenguaje.

Todos los hallazgos comentados nos llevan a considerar que el desarrollo motor y su promoción, no debe ser considerado como algo irrelevante por quienes tienen la misión de favorecer el desarrollo del lenguaje y eliminar sus posibles trastornos. Cuando existen problemas en el lenguaje es posible que los problemas de coordinación no estén lejos y es ahí cuando se debe permitir a la fisioterapia entrar en acción para potenciar y desarrollar todos los aspectos motrices del niño.