Todos conocemos los bíceps, pectorales, gemelos… e incluso sabemos cómo entrenarlos para que estén sanos y fuertes, pero ¿qué pasa con los músculos encargados de suministrar oxígeno a todo nuestro cuerpo?, ¿los conocemos?, ¿sabemos cómo funcionan y cómo se entrenan?

Para la mayoría de nosotros la respiración es algo que no se tiene en cuenta porque, al estar bajo control del sistema nervioso autónomo, su funcionamiento es automático y depende de las señales que se envían automáticamente desde el cerebro, que es quien determina cuándo y cuánto necesitamos respirar en función del medio interno y externo. Y aunque podemos inhalar y exhalar a voluntad, la función muscular respiratoria es principalmente una tarea automática.

En reposo, un adulto medio realiza entre 10 y 15 respiraciones por minuto, con un volumen promedio de 0,5 litros, lo que resulta en una “ventilación por minuto” de unos 7,5 litros donde el volumen de cada respiración y respiraciones dependerán del tamaño del cuerpo y de la tasa metabólica del individuo.

¿Cuáles son los músculos respiratorios?

Tenemos dos tipos de músculos para realizar esta tarea: inspiratorios y espiratorios. El músculo principal de la inspiración es el diafragma, músculo en forma de cúpula que separa las cavidades torácica y abdominal. Cuando se contrae se aplana haciendo descender la cavidad abdominal, aumentando el volumen de la cavidad torácica y creando una presión negativa proporcional a la extensión de su movimiento y, por lo tanto, a la fuerza de contracción. Este movimiento diafragmático induce también el movimiento de las costillas por medio de los músculos intercostales, que incrementan también el volumen torácico total final.

Durante la espiración, los pulmones se desinflan sin esfuerzo muscular. En la espiración forzada sí encontramos músculos implicados, los que conforman el cinturón abdominal, con el recto del abdomen y otros menos conocidos como el transverso y los oblicuos, que deprimen las costillas y comprimen la cavidad abdominal al contraerse, incrementando su presión y empujando al diafragma hacia arriba, lo que facilita la expulsión del aire.

La respiración es esencial para la vida y, aunque parece una función sencilla que, ante una enfermedad pulmonar o la falta de ejercicio regular, puede verse dificultada ya que los músculos respiratorios pueden fatigarse como cualquier otro. Y en caso de debilidad debido a una enfermedad, respirar puede ser lo único en lo que puede pensar llegando entonces a una disnea o sobre-esfuerzo respiratorio agotador para el paciente.

En presencia de una afección pulmonar o una lesión torácica / cervical alta, la respiración puede verse alterada debido a problemas funcionales y estructurales originando cambios en los músculos respiratorios. La disnea puede definirse como una sensación desagradable en la respiración o como la consciencia de un incremento del esfuerzo respiratorio. Es, por tanto, una sensación subjetiva que puede derivar en una combinación de factures fisiológicos y psicológicos en quien la padece y, si bien cierto grado de disnea es una parte muy normal del ejercicio para todos (incluso los atletas se quedan sin aliento), puede llegar a un punto en el que la intensidad se vuelva incapacitante, limitando cualquier actividad de la vida diaria.

Cuando la demanda de oxígeno aumenta, los músculos respiratorios responden inicialmente con un aumento en la contracción diafragmática seguida de un reclutamiento de los músculos accesorios que incrementan en volumen inspiratorio. Sin embargo, ante una debilidad o una alteración funcional, es posible que la demanda no se satisfaga provocando una disminución de la contracción diafragmática y una serie de movimientos alternos de abdomen y tórax que se conocen como respiración paradójica, que es una respiración rápida, superficial y que no es sostenible por largos períodos de tiempo. Este tipo de respiración hace que los volúmenes corrientes inspiratorios sean incapaces de suministrar suficiente oxígeno a los alvéolos y eliminar dióxido de carbono. A medida que los músculos inspiratorios se contraen con mayor frecuencia, requieren más oxígeno y producen más dióxido de carbono,  y ese oxígeno entregado no llega al resto de los músculos esqueléticos, que poco a poco comienzan a experimentar fatiga.

¿Cómo podemos ejercitar la musculatura respiratoria?

Los músculos respiratorios son únicos entre los músculos esqueléticos debido a su actividad continua durante toda la vida. Durante muchos años se supuso que esto resultó en un estado de adaptación óptima al entrenamiento.

La presencia de fatiga es una indicación de que los músculos están trabajando al límite de su capacidad, evidencia de que los músculos respiratorios no son inmunes a la fatiga.

Hay tres principios de entrenamiento que están bien establecidos para los músculos esqueléticos: a saber, «sobrecarga», «especificidad» y «reversibilidad».

Sobrecarga.

Para obtener respuesta del entrenamiento las fibras musculares deben ser sobrecargadas. Queda implícito en este principio el concepto de duración e intensidad y frecuencia del entrenamiento, factores variables que influirán en el entrenamiento, teniendo en cuenta primero a la población sana y después a nuestro pacientes.

El entrenamiento muscular respiratorio es una forma de mejorar la fuerza o la resistencia de los músculos inspiratorios y espiratorios. El entrenamiento de fuerza se puede lograr a través de diferentes dispositivos específicos que, si bien pueden ser utilizados de modo doméstico, necesitan de la supervisión profesional para garantizar su máxima eficacia.

Especificidad

Los músculos tienden a responder a los estímulos de entrenamiento de fuerza (alta intensidad y corta duración) con un incremento en la fuerza, y a los estímulos de entrenamiento de resistencia (baja intensidad y larga duración) con un incremento en la resistencia.

Reversibilidad

Sirva el slogan de una compañera “o te mueves o caducas”  para describir la reversibilidad de los beneficios del entrenamiento de la musculatura respiratoria. A pesar de la actividad continua de los músculos respiratorios, incluso en condiciones de reposo, no es insuficiente para protegerlos contra el desentrenamiento que en casos extremos, como una situación de ventilación mecánica, muestran una pérdida de activación neuromuscular diafragmática de al menos un 50% lo que preconiza un deterioro precipitado de la función muscular inspiratoria.

Importancia y aplicación del entrenamiento muscular respiratorio.

Hay mucha literatura que muestra la efectividad de este tipo de entrenamiento y sus beneficios tanto en individuos sanos y no sanos, tales como aumentos en el grosor del diafragma, cambios en el tipo de fibra muscular y mejoras en la fuerza. El beneficio se extiende también en atletas y diagnosticados de enfermedades múltiples.

Esta inactividad debido a la disnea puede provocar debilidad muscular esquelética adicional, así la debilidad muscular y la fatiga respiratoria son factores que contribuyen a la sensación de disnea. Un músculo más fuerte puede contraerse con más fuerza y potencialmente resistir la fatiga.

Con la situación actual de pandemia, la actividad física en personas con patología respiratoria no debe descuidarse, puesto que están dentro de la población de riesgo y, además, el confinamiento les impide un seguimiento diario de su rehabilitación, con los consiguientes efectos directos sobre la fuerza muscular y la capacidad cardiopulmonar de estos pacientes.

De manera general, según datos del SEPAR . https://www.separ.es/node/52(Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica) se recomienda:

  • Ejercicio físico a diario, no recomendado con fiebre (>37ºC) o mayor sintomatología de la habitual.
  • Mantener la distancia con fumadores, las partículas del humo del tabaco permanecen en el aire por periodos prolongados, incluso horas, según la ventilación de la zona.
  • Evitar reposos prolongados, ejercitando el cuerpo cada 2 horas y combinando miembros superiores e inferiores.
  • Controlar la respiración, la hidratación e intensidad del ejercicio.
  • Después de los ejercicios de fisioterapia respiratoria airear la casa unos minutos.
  • Mantener el mismo tratamiento pautado por el especialista y, en caso de duda, consultar con el mismo o con un fisioterapeuta especializado en respiratorio a la hora de realizar los ejercicios.